sábado, 15 de diciembre de 2012

One Love (I)

Un reportaje periodístico propio fue la causa del reconocimiento profesional que el pasado mes de mayo me otorgó la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León.
Después de siete meses y especialmente por la corta experiencia que aún tengo en el mundo de las letras aún no me creo que alguien haya confiado en mi trabajo tanto como para llevarlo tan alto, más teniendo en cuenta que aún continúo aprendiendo de la gente que me rodea y a quienes considero mis maestros. Nunca tendré las palabras necesarias y suficientes para agradecerlo.

Siempre he pensado que la mejor manera de celebrar algo no se demuestra con objetos materiales sino con experiencias. Mis amigos y familia saben bien mi opinión.
Y eso es lo que hicimos. Después de cinco años sin más de 7 días de vacaciones y contados días libres, decidimos viajar  al país del reggae. ¿Por qué? No lo sabemos, a lo mejor siempre nos había llamado a voces y hasta ahora no lo habíamos escuchado.

Llenamos las maletas de camisetas de tirantes, chanclas, un cuaderno y un bolígrafo. Diez horas hasta Miami y otra hora y media hasta Montego Bay. Allí la diferencia horaria es de -6 horas.

La tarde caía cuando llegamos y simplemente pudimos disfrutar de los entresijos del hotel, la playa, los muelles, el agua tranquila, los 27 grados centígrados fuese la hora que fuese.
Todas las noches, los animadores locales preparaban espectáculos (todo al aire libre) para los huéspedes después de cenar, aunque reconozco que más de la mitad de las actuaciones estaban dirigidas a esos turistas que no salen del complejo en todas sus vacaciones, es decir, jubilados, ricos cansados, mujeres en sus cincuenta en busca de compañía masculina, señores enganchados a las barras libres etc.
La humedad ambiental rondaba el 85%.Ventiladores de techo en contínuo movimiento. 
No había españoles, y de habla hispana diez o doce argentinos-chilenos-colombianos. La lengua oficial es el inglés y la local el Patua. Nobody speak Spanish.

Segundo día: Montego Bay. De los 2,7 millones de habitantes que tiene Jamaica, cerca de un millón viven en la capital, Kingston, y 100.000 en Montego Bay. Las zonas costeras cada vez ganan más habitantes en detrimento de las montañas y el campo ya que el turismo es la principal fuente de ingresos, seguido de la exportación del mineral bauxita para aluminio, el ron y la caña de azúcar y las frutas.
Montego es una de las zonas más turísticas, así como Negril o Port Antonio, sin embargo, el centro de la ciudad y sus calles son otra cosa muy distinta. Los edificios no superan tres plantas de altura, la gente hace vida en la calle y cuando un habitante reconoce a un turista le ofrece todo tipo de cosas, desde un tour a pie hasta marihuana (ilegal en el país) pasando por excursiones en sus coches, venta de artesanía, souvenirs etc. Contínuamente teníamos a un local ofreciéndonos un servicio a cambio de un par de dólares americanos (172 dólares jamaicanos)
Echamos valor y caminamos solos por la ciudad, habrá zonas peligrosas, pero allí el ideal de vida es "Yahmon No problem".
Gente encantadora y muchas diferencias entre la riqueza de la costa y la pobreza de las ciudades o el countryside.
En la plaza mayor de Montego ya instalaban el árbol de navidad y los pequeños salían uniformados de las escuelas. La antigua cárcel de esclavos ahora llena de tiendas y los vendedores ambulantes ofreciendo frutas y tabaco.

Tercer día: Dunn´s River Falls. Conocimos a Fernando y Claudia, una pareja de colombianos que se hospedaba en nuestro hotel y decidimos realizar con ellos un par de excursiones antes de que se fueran dos días después. Contratamos a un chófer local, Richard, encantador, que nos llevó de excursión a las cataratas de Dunn´s River, a la costa de Runaway, Great House y la Bahía donde desembarcó por primera vez Cristóbal Colón en su llegada a la isla, "Columbus Park and Discovery Bay". Paisajes de ensueño y experiencias muy divertidas. Comimos en un local, por supuesto al aire libre en el que se cocinaba el mejor pollo picante de la zona en leña.

Cuarto día: Nine Miles. Mausoleo de Bob Marley.
El movimiento rastafari es un movimiento religioso que considera que Haile Selassie I (Rey Etíope) es la tercera reencarnación de Jah, abreviación de Yahvé, después de Melquisedec y Jesús.
Surgió en los comienzos de los años 30 en los barrios marginales de Kingston y en los sectores rurales adyacentes, siendo la visión social y cultural de Marcus Garvey que inspiró a los rastafaris, que incluso lo consideran una reencarnación de San Juan Bautista y atribuyeron un carácter mesiánico a Selassie. Notable es el gran deseo de sus descendientes de esclavos negros de volver a África, de las aspiraciones sociales y culturales de la comunidad negra. El fin de Selassie era vivir sintiendo el amor que solo el humano es priviligiado de sentir tan gran sentimiento, para ir por un sendero recto y verdadero, siempre con bondad.
Los seguidores del rastafari, conocidos como rastas, creen que Haile Selassie I liberará a la gente de ascendencia africana del mundo conduciéndolos a una tierra prometida llena de emancipación y justicia divina, llamada "monte zion".

Richard, el chófer, practicaba el rastafarismo, pero debido a su trabajo no tenía permitida la estética de rastas y debía llevar camisa. Nos confesó que a veces llegaba a sentirse bastante discriminado por sus creencias.

Camino a Nine Miles, lugar donde se crió la estrella del reggae, pasamos por Brown´s Town (mercado espctacular, pero Richard no nos dejó salir de la furgo por considerarlo peligroso). Conocimos la extracción de las minas de bauxita y la vida de los agricultores de la zona. El primer edificio de Nine Miles es una escuela rastafari que construyó la familia Marley para los niños que vivían allí. No obstante todos se acercan a ti para pedirte un par de dólares incluso se cuelan por los huecos más insospechados (no les dejan entrar a las zonas de los turistas, fue una estampa muy desagradable y un sentimiento de impotencia enorme). Este momento ha sido para mí el más difícil del viaje, se te caía el alma a los pies, además ellos saben cómo llamar tu atención y poner una voz dulce para que no pases indiferente. Cuando salimos de la casa de Bob Marley, en vez de marcharnos como el resto de turistas, decidimos dejar allí cerca de 50 dolares en una de las casas de Rasta-Food. Al menos el dinero de esta zona se queda en la zona y no en los touroperadores externos.

En la casa de Marley nuestro guía fué Captain Crazy, conocido por ser uno de los personajes legendarios y amigo de la familia del cantante. El lugar es como algunas de sus canciones. Lleno de paz. La decoración y las pinturas en las piedras estaban protagonizadas por los colores de la bandera (Amarillo el sol, verde la vegetación y rojo de la sangre africana derramada)
Historias llenas de reivindicación.

Don´t worry about a thing ´cause every little thing is gonna be all right!
To be continued...

sábado, 4 de agosto de 2012

¿Dejar de creer en el periodismo? No, gracias

Mitad del 2012.
Ya hay quien se atreve a decir que el periodismo está desapareciendo en países supuestamente democráticos. Los periodistas están empezando a dejar de creer en su profesión. Los despidos masivos en los medios cada vez son más numerosos.

Mi opinión.
Por favor, no dejéis de creer nunca en el periodismo, nunca en la historia y en momentos peores que los nuestros ha pasado, ahora no va a suceder.
Sí, desgraciadamente el periodismo está desapareciendo en muchos sectores de la sociedad, en el ente público o en las empresas mediáticas aunque haya quien aún no se resigne a creerlo, pero todos y cada uno de los que hemos estudiado esta profesión tenemos un tesoro aún más grande que los números de las tablas económicas o que las decisiones de quienes han convertido la información en un negocio:
 Aún conservamos manos para redactar, voces para contar y cámaras para captar. Las noticias existen, ¡millones cada día! y ahí es necesaria esa persona que, lejos de maquillar la realidad, la cuente con su crítico punto de vista, tal y como la vive, tal y como la procesa y explica después al ciudadano.
Esto, amigos, no podrá desaparecer nunca, es imposibe. Pero el siguiente paso debe tomarlo la sociedad, quienes consumen cada día esas noticias: buscad bien quién queréis que os transmita la información, esas personas existen, desde el ámbito local hasta alrededor del mundo. Buscadlas, seguidlas.
Y, por favor, haced que vivan de ello.

martes, 26 de junio de 2012

Resumen en pocas palabras

-Después de todo lo que ha pasado y te atreves a pasar por aquí, intenta resumir.
-¿Te sirve si me defino?
-Bueno, pero ¿por cuánto tiempo?
-El tiempo siempre tiene sus fases.
-Entonces, inténtalo.

-En una de mis facetas doy noticias para que la gente se acerque a la cruda realidad. En otra, intento hacer que puedan evadirse de ella.

jueves, 8 de marzo de 2012

Mujer tenías que ser



Apedrear a niñas sirias desde las azoteas.


-Esa tía ha conseguido el trabajo por estar buena.


Apedrear a las que te dan la mano cuando tienen la regla.


-De qué forma rastrera habrá conseguido "esa" el trabajo.


Apedrear a aquellas que cantan por la calle.


-Te pagamos menos porque no eres tan capaz.


Apedrear a aquellas que conducen.


- Mujer tenías que ser.


Apedrear a las que son infieles.


-A ver si friegas de una vez y haces la cama.


Apedrear a las que salen de casa sin sus maridos.


-¿Te regalo una aspiradora para el cumpleaños?


Apedrear a las que se les ve el pelo.


- No estás preparada para tomar decisiones en una empresa.


Apedrear a las que se les ve el cuerpo


- Si no llevases ese vestido no te tiraría los tejos.


Apedrear a las que hablan con extraños por la calle


-Las mujeres primero.





Al menos nueve de estas dieciocho situaciones las habrán vivido mujeres que lean esto, desgraciadamente, la otra mitad no tendrá la oportunidad de acceder tan fácilmente a las nuevas tecnologías. 

domingo, 4 de marzo de 2012

Si tienes tesoros, cuídalos con cariño


 Con el auge de las redes sociales, la tónica en la que la sociedad tiende a moverse rodea el círculo de agregados, amigos y personas cercanas que uno podría conocer en su entorno. Entiendo que es una buena herramienta para estar en contacto, establecer incluso relaciones laborales y, para una mayoría, conseguir la oportunidad de acabar con ese chico o chica que lleva años tratandole, simplemente, como un amigo.
Sin embargo hay personas con las que no resulta suficiente esa cercanía virtual que palia, en cierto sentido, las ganas de verlas. En ocasiones, fueron muy importantes en un momento de la vida en la que se estableció una fuerte relación, pero que por diferentes circunstancias, la distancia ha separado los caminos.
Caminos que nunca sabrás si podrán volver a juntarse.

Mientras eso pasa o no, quedad con ellas. Quedad con esas personas físicamente y durante un tiempo determinado. Quedad con ellas aunque el momento no sea muy favorable (nunca sabrás si puede haber otro mejor), aunque hayáis pensado en emplear ese rato para hacer otras cosas.
Quedad con esas personas que fueron importantes, y lo siguen siendo, a lo largo de tu vida.

Por mi corta experiencia considero que es lo más gratificante que existe, tener amigos con los que sabes que, a pesar de lo que han vivido, no han cambiado y si lo han hecho conservan su grandeza. Son esos tesoros que, aunque te gustaría pasar con ellos el resto de tu vida y contarles a la cara, día a día, todo lo que te ocurre, sabes que el momento en que los veas te recibirán con una sonrisa, una copa... un café.

Si tenéis la suerte de conservar esos tesoros, cuidadlos con cariño.



miércoles, 8 de febrero de 2012

Belleza en mitad del caos

Llovía cuando aterrizó el avión en tierra italiana. El resto del día el tiempo nos dejó, al menos, disfrutar de los primeros lugares que nos sorprendieron con la boca abierta. 
En primicia, la Fontana, con su ventana superior derecha pintada... y sus personajes, tal y como había leído en los libros. Las ganas de llorar de emoción se esfumaron con los nervios por inmortalizar el momento junto a otro grupo pequeño de visitantes mientras una chica recordaba entre sollozos la posible ruptura con su pareja a la vez que veía el agua caer por Trevi. 
 La Plaza de España nos esperó vacía, una postal que tal y como me habían dicho antiguos amigos turistas sólo pasa cuando un director de cine graba allí su película o en casos como ese: baja temporada de visitantes y posibilidad de mojarse. Resultaba extraño ver tan desolada la calle en la que se encuentran las tiendas de moda más caras de la ciudad, como si en cualquier momento todo el mundo fuera a salir por algún sitio con sus grandes gafas de sol o los bolsos colgando por la mitad del brazo, pero eso no sucedió hasta un par de días después. 
Un paisano de setenta años con una pequeña coleta blanca y sombrero se paró a hablar con nosotros y nos advirtió que al día siguiente llegarían las nieves. Por nuestra parte, atentos a sus palabras pero sin reparar en las consecuencias, nos despedimos amablemente para continuar nuestro camino a Quattro Fontane y Barberini donde, si no tenemos cuidado, casi nos timan al pedir la cuenta por aquello de que "teníamos pinta de turistas". 
Eso sí, fue en otro restaurante diferente donde pudimos saborear nuestra primera pizza. 

 Debimos hacer más caso al italiano de la coleta blanca. Al día siguiente comenzó el temporal aunque nos dio una tregua para tomar nuestro desayuno con caffé latte y llegar en autobús a los Museos Vaticanos en los que, además, no tuvimos que esperar colas. La majestuosidad de aquellas dependencias es indescriptible, el arte, incalculable y aún más la belleza. 
 Antes de entrar en la Basílica de San Pedro comenzó, al fin, a nevar. Cuando salimos, la plaza ya estaba blanca y un hombre en pantalones cortos y con un Heineken en la mano preguntaba por el paradero del Papa. Comimos cerca del Castillo de San Ángelo y una vez fuera comenzó la aventura: las calles empezaron a colapsarse, el ayuntamiento no echaba sal en las carreteras y nuestros pies empezaron a nadar dentro de las botas. 
Las líneas de autobuses no llegaron, un motero derrapó y cayó delante de nosotros y más de cincuenta personas se concentraron en una sola parada, sin embargo, en nuestro camino al hotel de más de media hora a pie apenas podíamos caminar y no por el hielo de las aceras, sino por los ataques de risa que nos entraron al ver el caos y la práctica paralización de la vida. Pero llegamos vivos después de parar en varias zapaterías, lencerías y haberme caído de culo cruzando la calle delante de una hilera de coches. 
Aún conservo el recuerdo de aquel momento en mi piel. 
Tras esas dos horas de terror en las que nos dio tiempo a cambiarnos de ropa, por fin, pasó lo peor. Llegaba la noche mientras pasaba el deshielo pudimos llegar al Phanteón y a Navona pasando por una Gelatería. La cena fue nuestra recompensa en una pequeña calle llena de comerciales invitándote a probar su gastronomía. 

 La nieve que apareció en las calles al día siguiente fue debido a la nevada nocturna porque a partir de ese momento comenzó a salir el sol. Los romanos salieron con sus hijos a jugar por las calles, otros sacaron su equipo de esquí y los extranjeros nos dirijimos a patear las calles de la ciudad con la decoración de Santa María la Mayor, Della Vittoria, Pablo in Vincolo y el Coliseo. La televisión sacaba imágenes de la gente haciendo sus propios muñecos de nieve, tirándose con bolas o mirando a los foros. Trajano y Vitorio Emmanuelle también dominaban parte del espacio artístico. El barrio bohemio del Trastevere nos esperaba para comer y tras haber pateado gran parte de la ciudad nos dirigimos, esta vez sí, a la Plaza de España para comprar recuerdos y tomarnos un chocolate caliente. 

 Estampas que nunca podrán borrarse y momentos nevados que, si conocemos el transcurso de la historia en esa ciudad, puede que vuelvan a repetirse, probablemente, dentro de 25 años.

miércoles, 18 de enero de 2012

Propósitos

"¿De qué sirven los propósitos? si al fin y al cabo, aquellos que intentamos cumplir a principios de año se esfuman en la primera semana... además, por mucho que nos intentemos convencer de que algo nuevo va a suceder, al final ocurre siempre lo mismo."
No estoy de acuerdo.
Los propósitos al fin y al cabo no sólo son esas palabras banales que siempre coinciden con las del resto y entre las que se encuentra el término "reducción" como "reducción de nicotina en el cuerpo", "reducción de kilos", "reducción de gastos" o "reducción de mala leche", sino aquellos que nos ayudan a que, durante un año más, tengamos motivos por los que seguir viviendo y el principio de esos doce meses es solo un punto de información que nos lo recuerda.


Que un estudiante siga estudiando para alcanzar su meta o que un trabajador siga trabajando para mantener su vida son dos de los propósitos que más abundan y que además se cumplen en casi todos los casos, a no ser que ocurran varias situaciones: que el estudiante deje de estudiar por vagancia o por otros motivos externos o que el trabajador deje de trabajar por vagancia o por motivos económicos de la empresa.


En cualquier caso, no creo que haya gente que pida como propósito continuar en su puesto de trabajo sin dar palo al agua porque, si su propósito se acaba cumpliendo, no encontraría ninguna diferencia entre esa situación y la de robar.
Y aún no conozco a nadie que, en público, haya reconocido ese propósito. 

martes, 1 de noviembre de 2011

Cinco años en una cajita de recuerdos


Fran Perea bajó aquellas escaleras con su barandilla roja en el centro. No recuerdo muy bien de qué temas habló que estuviesen relacionados con el periodismo, pero la promoción de El Camino de los Ingleses la tengo presente. Nuevas caras, nuevos compañeros con miradas de  indecisión que comenzaban primero de carrera sentados unos junto a otros. A mi derecha, Ángel, a mi izquierda María, lo recuerdo como si fuese ayer.
Parece que el curso comenzaba bien, la gala de las fiestas en aquel año fue increíble y parecía animarnos a lo que nos tocaría años después, sin embargo, mucha fuerza tuvimos que sacar de dentro cuando a las ocho de la mañana nos esperaba (o nosotros a él) el señor Macías, impecable, para comenzar las clases.
Las clases de publicidad de Óscar las recuerdo especialmente, sobre todo las prácticas: aquel briefing currado de mis compañeras y en el que tuve que aportar la voz a lo "Rosana", o que ganásemos enemigos por ello, con razón en muchos casos, pero todo se resuelve cuando conoces realmente a aquellos con quien creías que no ibas a relacionarte nunca y resulta que son increíbles... y los años de carrera me lo demostraron.
Un primero en el que Plaza me introdujo a la redacción y JuanRa me demostró que la belleza sí está también en el exterior.
Historias, conferencias de prostitutas, Eva llorando en Comunicación Interpersonal cuando relataba su discurso ante la ojiplática mirada de Salgado, las fiestas que se van de las manos... Salamanca querida.
Las horas en el autobús parecían interminables, Toño, Domigo y los gamberros de la parte de atrás... reconozco que eso no lo echo tanto de menos porque esos mismos personajes todavía me los sigo encontrando esporádicamente, eso sí, como unos grandes.
Comenzamos a dar los primeros pasos en un periódico para estudiantes, Tribuna Universitaria, por parejas recuerdo. Mi primer reportaje fue sobre Letra Contemporánea, doble página y que realicé en dos semanas o más, un reto ahora impensable. Además, el trabajo salía gracias a los retoques que corregían María Jesús y Ana, responsables de la edición.

Lo cierto es que Segundo pasó sin pena ni gloria, muchas de las asignaturas no me gustaban, para qué vamos a engañarnos, pero siempre tengo la esperanza de encontrarme con alguien de la tierra gemela que me de twater para beber. Con cariño recuerdo el viaje a Madrid las niñas con Toño para entrevistar a Ángel Martín y de paso acudir a "Sé lo que Hicisteis".
Las clases de Valvey me hicieron reflexionar sobre las portadas informativas y las fotos de mujeres embarazadas.

Tercero, muchos de Erasmus, otros preparándonos los quesitos del trivial o recogiendo frases de María Rubio para aplicarlas en la vida. Comenzamos a conocer los estudios de radio y los platós de televisión, Michi nos puso en su examen un fragmento de Los Soprano, sí, un flashback, pero la parte de Nuria me salió mucho mejor. Mi primera aparición en cámara fue haciéndole una entrevista a Morchón sobre su vida, y Alba me la hizo mí. Me encantaba ese grupo.
Laura y yo pasamos muchas horas de ensayo con Lucía Rodil y más voluntarios para aquella coreografía eurovisiva. María cada vez estaba más guapa y preparada para la ocasión y nunca podré agradecerle ni a ella ni a Alfredo que hayan querido contar conmigo. Los días en Barcelona fueron inolvidables para bien, sí, para bien, fueron más de cinco y el último, a pesar de los pesares, fue el mejor gracias a todos los que estuvieron allí y a Llana, Carlos, Merichel y un largo etcétera (aunque Carlos robara dispensadores). En las aulas todo iba normal hasta que alguien sugirió que sería el espectáculo de nuestras vidas... y no volvió a aparecer por clase.

En Cuarto nos especializamos por carreras (algo que no volverá a suceder gracias al Plan Bolonia) conocí a la gente de la tarde que en tres años no había visto. Chelo, Gloria y Aurora me hicieron amar la radio, cada Navidad pongo el programa especial que hicimos Manuel, Lidia, Cristina, Lauras, Alba, Patricia, Elena, Carmelo, Tere, Germán y yo... inolvidable.
Y el segundo cuatrimestre llegó el caos, ¿cómo compaginar los estudios con un Lip Dub? prueba superada. Patricia, JuaFran, María, Nacho, Tere y Eva lo hicieron posible... como también hicieron que fuera normal pasar parte de la noche en la facultad cronometrando, subirse en un montacargas, contar a la gente, marear a las redes sociales para que todo el mundo conociese el vídeo, hacer bases de datos y coordinar a más de trescientos voluntarios, trescientas mil gracias y perdones por quienes apenas salieron, pero querer que todo el mundo participe en tres minutos... a cien por cada uno.
Raúl y Pablo fueron a conocer Zamora y pasar una bonita velada con nosotras, aún recuerdo la noche en el castillo comiendo mini bollitos de hojaldre.

En esa facultad también se respiró amor, desamor, enfados de bibliotecarias cuando el tono de voz sobresalía, días enteros fotocopiando periódicos o llamadas desesperantes a Eduardo cuando nos habíamos quedado sin batería en la cámara.
Cómo no recordar las clases de libre elección (yo escogí todas las que carecían de examen) y escogí bien, porque la de los mayores ha sido una de las mejores de toda la carrera sin duda. María Eugenia y Pablo Rey, con aquel análisis de Quino por el que Pepita daba el alma.
Los conserjes preguntándome de qué color era mi pasmina después de haberla perdido por las aulas.
Serafín y Ángel, unos grandes, aunque el catering Disan nos hizo coger unos kilitos de más. Aún así no cambiaré tardes perdidas en cafetería, con cadena 100 de fondo o los informativos de la televisión en mute.

El último curso fue nuestra novatada (¡qué ironías!). Que si me siento en las escaleras para coger apuntes, que si te pongo una instancia para dar las clases que nos corresponden, que si somos un mísero dos por ciento... cosas que poco a poco fueron solucionándose, y un Javier Nó que pudo escucharnos. 
Nueva York y Nacho.
Sin duda, lo que me puso más nerviosa de todo en este paso por la universidad fueron las palpitaciones previas a la nota que salía de la intranet, cuando introducía mi usuario y contraseña y se me aceleraba el corazón antes de ver el tablón de calificaciones, un sinvivir.
El equipo del informativo de televisión con quien muchos ya había coincidido excepto Marta, Ylenia, Elena, María y Lauras.
El discurso magistral de Rivas.

Las mesas incómodas de las aulas, los "sofás" del auditorio, los Macs, los sudokus de El Mundo, la "capilla" de abajo, las colas en fotocopiadora, las salas grupales y mortales de la biblioteca, Mercedes Ramos calmándonos en el oral de derecho, Sole reprochándome que comiese tantos bocadillos o los ositos de gominola que comían Sara y Vero, los disfraces de Raquel y Pablo, las preguntas e inteligencia de Patricia, Cagi y el discurso, Jose Pablo, Adrián, el senior Rufete, el compañerismo de Indarte, Carlos, Fernan, Álvaro, Ana Blan, Carmen y su vocecilla de gran persona, Puri, la paciencia de Luis con los mayores, Rocío, Sandra, el compañero de Lne Antuña, Alba Bermúdez, la personalidad de Ana, Lara y Elena, Olalla, los ratos de radio con Tania. 
Sande, Héctor, Chema, Andrés y la sauna, Manuel Caramelo, las llamadas de María Juanes, ambos Sergios, Ana Díaz y Carol, la inquietud de Carmen Romero y el cariño de María Díez, Paloma, Chela y María pasando frío con nosotras en la plaza mayor mientras repartíamos vasos, y con Cruces el destino me vuelve a unir... 
Lo cierto es que echo de menos mucho de esa facultad. El bastante y demasiado los dejaré para cuando pase un tiempo aún, pero que ya me está ocurriendo con muchas personas que conocí allí, solo espero que esta nueva etapa sean aún más felices y que podamos encontrarnos en la mitad de este camino que no es fácil, pero ya estábamos advertidos.
Para estos periodistas y resto de profesionales de aquella promoción:
Suerte.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Estío sin hastío (II)


Un pequeño pueblecito castellano nos esperaba con litros de agua, azúcar y vino sin taninos finos. Los primeros días se pasaron volando mientras preparamos los disfraces y complementos estrella, pero antes de que llegara ya éramos conscientes de que el año que dejemos de ir, bien por nuestras nuevas vidas, bien por lo que nos depare el futuro... lo echaremos de menos.  Y mucho.
El jurado falló a nuestro favor, un hecho del que se desprende una amistad y un par de cumbias y bachatas.

Y para hacer honor a agosto nos convertimos en turistas de la fiesta rural. Villafáfila (lugar lagunero), Fariza (forasteras susceptibles de ser apaleadas), Granja (arte y selva), Puebla de Sanabria y su lago (noches frías pero siempre inolvidables y días de picnic) San Marcial (miles de peñas) y Villaralbo (ese vecino).

Uno de los acontecimientos que anuncian la despedida del verano, al menos de esa cruel denominación de "temporada alta" es la Semana Grande de Bilbao, que nos esperaba con amenaza de lluvia. Pero al pasar Pancorbo el tiempo se apiadó de nosotros y la playa de Azkorri lucía verde y azul, envidiable. Pese a que los conciertos no fueron el plato fuerte, la bebida y la comida aliñada con música de diferentes estilos llegaban a formar un rico menú, como los del puerto deportivo de Las Arenas, lugar de paso y abono diario obligado.

El final de agosto fue triste, pero así es la vida, todo pasa y todo queda... y él quedará siempre en nuestros corazones aunque sea en forma de sonrisa.

Y aunque haya tiempo para todo, llegó el momento de estudiar para una asignatura remolona. Días de recolección adecuada de apuntes y estudio intensivo que, espero, haya dado su fruto. Parece una tontería, pero cuantas más tareas ocupan tu mente, más fuerzas salen para hacer cosas, así que voy a intentar mantenerlas, tanto para lo que queda de curso como para trabajar... y estos meses pasados me han dado un chute de optimismo.

El resto de septiembre continúa nervioso con un safari taurino entre medias, Salamanca que nos quiso decir adiós vestido de casetas y pinchos, matrículas nuevas, mejora de idiomas, un tour por la vendimia como "mi primera vez" y las despedidas de algunos amigos que abren las puertas a una nueva etapa. 
Espero que todo vaya bien...


viernes, 23 de septiembre de 2011

Estío sin hastío (I)


Muchas veces pienso en volver a aquel 24 de junio y revivir cada uno de los días pasados, pero no merecería la pena desperdiciar futuros viviendo de lo que ya ocurrió así que, como es usual, lo haré en forma de recuerdos que si pueden seguir escritos, volveré aquí para leerlos una y mil veces.
--La economía en ocasiones se basa en unas cañas de menos que generan unos euros de más para el ahorro. Eso sin olvidar todo el trabajo veraniego del que no me he librado y con el que realmente puedo decir que estoy agradecida teniendo en cuenta la situación actual.--

Las fiestas de la ciudad a finales de Junio no lograron ser superadas por aquellas del 2009, pero es gratificante terminar los exámenes con celebraciones en la calle. Y esos amigos que comienzan sus vacaciones contigo entre embalses, piscinas y timbas.

Una llamada que invita a viajar a Portugal a principios de Julio para revivir momentos únicos, como aquellas noches de suspense entre luces y sombras de juegos preadolescentes, intentos de pronunciar palabras lusas, dormitorios comunes y demasiados bailes. Guías que se convierten en amigos.

La excusa de conocer lugares es perfecta si una boda es el objetivo. Esa Granada tan orgullosa, amable y deslumbrante como sus habitantes, como sus laderas y sus amaneceres a treinta grados, la ciudad en la que dormir (y lo dice una amante del sueño) es una pérdida de tiempo. Al Andalus.

El verano sin visitas estivales de rigor tampoco es lo mismo y mis London friends fueron la clave para un 2011 que se antojaba ansioso de una Europeade que hacía tiempo no llegaba. Desde Nothin Hill hasta el Eye, los días fueron realmente de película. Una película sin subtítulos al castellano, una forma de reforzar mis conversaciones anglosajonas que reducen su oportunidad en España, un paréntesis en el que la comida india tuvo el protagonismo y mis dotes interpretativas se dejaron claras en Trafalgar Square. Unos grandes todos los que me acompañaron.

Algunos amigos me están enseñando lo interesante que puede llegar a convertirse el mundo del vino y su cultura... y aunque fuese para dejar de continuar en mi total ignorancia, no quise dejar pasar la oportunidad de conocer una de las zonas idóneas para los entendidos. La Rioja. Elciego y sus entramados nos dieron la bienvenida entre copas con finos taninos y tintes rosados en los bordes. Aunque sigo sin notar muchas diferencias gustativas, pero eso es debido a mi tozudez.

La costa catalana. Barcelona entre frutas, la romana Tarragona, la atracción de su parque de atracciones y los días grandes de las fiestas patronales de Nulles, con cenas y sorpresas especiales. El bar de los mojitos a domicilio y los vecinos ligones de al lado. El balcón del mediterráneo nos abrazaba con helados giratorios. Tampoco perdieron protagonismo los gritos eufóricos y unos dientes resentidos por tanta excitación. Un sheriff para protegerme de los forasteros. Un camarero que regala entradas y una temperatura mediterránea del agua que se olvida de mi parte más friolera.

Y Zaragoza nos mandó pasear por su basílica, tan obligada y fresca. Aunque hay mediodías en los que las cañas heladas en un callejón sombrío hipnotizan más que un mausoleo. Mientras el Ebro moría de sed, los turistas mojaban sus cuerpos en las fuentes.


Julio decía adiós, pero agosto se frotaba las manos.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Solo puede ser ella


"Querida sobri: parece que fue ayer cuando eras un cocolito y ya terminas la carrera ¡el tiempo es veloz!

Lucía, esta profesión con la que has soñado desde niña te dará muchas satisfacciones personales, espero que te deje una válvula de escape frente a la injusticia y la mentira, que también te facilite el cocido claro está. No olvides que no nos preparamos para ser felices mañana sino que tenemos que serlo hoy ¡el tiempo es oro! tu profesión es bonita, sacrificada, laboriosa... pero para que crezcas debe ser honesta. Te dará oportunidades y decepciones como cualquier otra, intenta luchar por la legalidad, tus principios y convicciones pues para ceder siempre queda tiempo. Espero que nunca olvides que estoy aquí. Un abrazo muy fuerte".

Conce

jueves, 8 de septiembre de 2011

Fiestas de cuento


En aquella noche las estrellas parecían más lejanas. Era un lugar oscuro y en ese mismo momento, el sonido de sus pasos corriendo a toda velocidad era el único audio que se escuchaba mientras las sombras de su cuerpo se proyectaban en las paredes. No podía gritar, ni siquiera respirar fuerte porque cualquier movimiento en falso podría delatarle, además, ya estaba cerca de aquel callejón oscuro y era el escondite perfecto. Pero el enemigo ya conocía sus maniobras y en un descuido, una fría mano comienza a golpear su espalda...
¡¡Ajá te he pillado, ahora te la velaass!!

Era el turno de buscar un nuevo juego, pero el sonido de las campanas de madrugada advirtió a los más pequeños que era la hora de descansar y por eso corrieron deprisa hacia sus casas, con alguna que otra caída, eso sí. Y es que aquellas calles traicionaban a los más veloces porque dejaban en las piernas una marca de recuerdo que se confundía entre asfalto y arena. Una vez en sus casas, los jóvenes del condado tomaban las calles con latas y canciones anunciando la llegada de la celebración. En los hogares, otros se quedaron preparando los banquetes y sobre todo, la bebida condimentada a base de vino, cítricos, azúcar y agua para que no faltase en ninguna de las bodegas ni en las casas de las familias, en esos momentos, nerviosas por que todo quedase listo.

Y así fue. Al día siguiente, el sacerdote del lugar preparó la eucaristía mientras le ayudaban los monaguillos más atrevidos y el coro, que estaba situado en la parte más alta de la iglesia y que contaba con diferentes voces e instrumentos para la ocasión, entonó aquellas melodías que había preparado para los oficios.
Aquel templo era especial porque se consideraba el monumento más emblemático del pueblo, de orígenes románicos, pero que muchos conocen realmente porque un rayo acabó con su torre años atrás. Menos mal que, de todos los vecinos del poblado, concretamente unos afanosos albañiles autóctonos se habían encargado de dejarla como nueva, restaurarla y convertirla en referente de todos los alrededores.

A la hora de la Santa Misa, toda la aldea vestía de gala. La cuesta empinada que comunicaba el templo religioso con el centro urbano se convirtió en una pasarela de encuentros, recuerdos, risas y carreras para contar todo lo que había sucedido durante un año entero. Y es que, a pesar de ser un pueblecito situado cerca de la capital, muchos de los habitantes tuvieron que dejar su casa para trabajar en otros lugares, por eso, cada año el reencuentro era tan especial, como especiales y envidiables eran los pocos agricultores que con el trabajo de sus manos y a la vez, sus nuevas tecnologías, todavía hacían que las tierras de ese lugar dieran los mejores frutos de la zona del vino, además los ganaderos habían sorprendido anos atrás a los niños en esas fiestas, dejándoles correr detrás de unos gurriatos resbaladizos y cuya captura era la tarea principal solo para ganar un gran premio que consistía en una bolsa llena de gominolas y dulces.

Durante el desfile hacia la taberna, antes de comer, un grupo de trobadores entonaba músicas tradicionales de la comarca y el sheriff dió por inaugurados los días de El Salvador. Había quienes con un corto y una tapa podían durar hasta la hora del almuerzo, y quienes necesitaban tres o cuatro de las grandes para ponerse a bailar y cantar con aquellos trobadores. Lo que muchos no sabían es que en la taberna central lo mejor de todo eran las cenas. Su churrasco, sus brasas y sus pulpos atraían a más forasteros que a los propios vecinos. Pero aquella no era hora de hablar de cenas, sino de bermús. Se comentaba por ahí que un cantante llamado el “Rubio” afinaba muy bien con su single “cocidito madrileño” en sus años mozos. Para aquellos que no creéis esta leyenda os invito a conocerlo en Youtube, junto a otro grupo de expertos en ceremonias preparando limonada que me he encontrado por ahí. Lo bueno sería no invitarle al concurso de karaoke porque sino tendría garantizado el primer puesto.


Pero sigamos con nuestra historia porque en esas horas en las que el sol picaba con más fuerza, el único alivio era el frescor de las casas donde echarse una siesta significaba un sueño que duraba horas... también es cierto que muchos jóvenes preferían bajar al parque y alejados del pueblo, contarse secretos y poder hacer de las suyas que a la vista de los padres, no era muy adecuado. Y si el calor mandaba, allí se montaba la guerra y no precisamente con pistolas sino con globos llenos de agua que llenaban de colores el suelo. Muchas monitoras y expertos en el jardín de infancia hacían más divertida la velada de los más pequeños y es que cuando en un lugar el 50 por ciento de los ciudadanos son gente menuda, uno debe replantearse si volverse ¿por qué no? un poco niño también.

Las bicicletas en el pueblo por supuesto que eran para el verano. Un arsenal de conductores de estas dos ruedas conocía de sobra el alfoz, desde el camino de la cruz hasta el cruce de la circumbalación pasando por la laguna de las coronas, la fuente de la Encina o Fuentesalgadas.

De repente, una caravana de forasteros comenzó a llenar de furgonetas la plaza central del poblado. De allí comenzaron a salir un toro de plástico con motor que se movía como loco, un conjunto de colchonetas llenas de aire para saltar hasta perder el equilibrio y un cañón con un líquido extraño que se convertía en espuma que hacía las delicias de pequeños y no tan pequeños.

Aunque los que preferían darle duro al coco, de forma distinta a la de aquel toro de plástico, se batían en duelo en la cantina central. Allí fluían las cartas sobre la mesa, junto con alguna copita para mejorar la concentración. Y todos trataban de demostrar su diestra en las cartas, aunque los altos puestos estuvieran ya cogidos por los valientes que se concentraban para derrotar a los forajidos de los pueblos vecinos.

Precisamente en gran número llegaban también aquellos forasteros que sin pasar por el centro del pueblo se concentraban con los mozos a las afueras para retarse, en ese caso, con un balón entre los pies. Todo en un campo desértico y sufriendo la gota gorda de una tarde de verano.
Mientras tanto, quienes no se atrevían con el deporte, comenzaban a preparar sus disfraces para la diversión vespertina.

Los paseos hasta la escuela eran obligados para los amantes del arte. Las piezas realizadas por los asociados durante todo un año se exponían a todos los públicos para conocer los avances, tanto en pintura como en bordados. También había quien aprovechaba para visitar a los familiares y amigos. En alguna ocasión, los encuentros eran muy emotivos, sobre todo cuando a las personas que más se les quiere habían dicho adiós en los últimos meses y con eso se empezaba una nueva etapa en la familia que dejaba el paso a las nuevas generaciones. Pero esos recuerdos siempre eran alegres y con la esperanza de que desde cualquier lugar, fuera donde fuera, alguien observaría contento el transcurso de estos días festivos.


Y entre juegos, reuniones y comida, el cuerpo ya pedía un baile, además, la limonada estaba dispuesta y la orquesta preparada para el repertorio. En aquel año se comentaba que la Danza Kuduro era uno de los bailes más demandados, en cambio, hay quienes preferían Iron Maidem, Metallica o temas de un tal Nirvana.
Con las bodegas animadas, las canciones populares también adquirían protagonismo y los reyes de estas cuevas enseñaban a los novatos retos de cartas, juegos de palabras y trabalenguas para confundirlos en cada trago. El estado de quienes salían al exterior era de notable felicidad en la cara, dispuestos en ocasiones a subir al escenario y mostrar su talento, bien con los músicos, bien con las pobres cantantes que sufrían la calorina.

Así transcurrieron los días en aquel poblado y las celebraciones, algunas veces con queimadas de los amigos de Galicia y otras con las comilonas en los merenderos municipales, se pudieron amenizar unas jornadas inolvidables para muchas de aquellas personas que simplemente, decidían compartir su tiempo de una forma diferente.


Lo verdaderamente importante era que cada una de ellas tenía su papel. Uno de los vecinos más conocidos prestaba año tras año su patio, situado cerca de la plaza central, con las paredes decoradas y una larga mesa de tablón para preparar grandes meriendas con amigos.

Cerca de la iglesia, las vecinas de la zona aportaban su grano de arena limpiando las telas del templo y cuidando a la vez de sus nietos. Los jóvenes que vivían aquí organizaban con la comisión la buena marcha de este lugar, e incluso un par de fotógrafos profesionales y un realizador de vídeo hubieran sido capaces de reportajear todas estas ceremonias.

Con el conjunto de arquitectos, biólogos, médicos y abogados, dependientes, administrativos, amas de casa y algunos ninis... este lugar hubiera podido ser una pequeña gran ciudad, que al menos lo era durante un período de tiempo. Estaba claro que solo unos pocos, pero con muchas ganas, podrían ser capaces de formar una fiesta que en otra ocasión y con más afluencia podría ser imposible.

Sólo un último apunte... parecía ser que el aquel lugar todo lo relacionado con la gastronomía era el plato fuerte de los festejos, que si arroz a la zamorana, que si preparo unas tortillas, que si frío unos pimientos que piquen para bajarlos al merendero...

Lo importente es agradecer que haya personas que, año tras año tengan tantas ganas de celebrar las fiestas que animen al resto a apuntarse y participar. Sino, miren a una servidora que después de haberle quitado el puesto al pregonero del año pasado no pudo deshacerse de su trono fijo en el balcón del chupinazo. Ahora bien, aviso que estas palabras quedan en el aire para que el siguiente valiente las recoja, se atreva el año que viene y disfrute tanto como yo mostrándoles todas las sensaciones, puntos de vista y recuerdos que me trae este lugar.

Día tras día llegó el final y todo se acabó. No quedaban luces, ni música, ni encuentros, ni alcohol ni banderines, todo quedó en un bonito recuerdo que ya esperaban con ansia para el año siguiente... pero ahora nosotros, quienes estamos aquí tenemos una ventaja: y es que todo esto que acabo de contaros aún no ha sucedido, es producto de vuestra imaginación y sólo el entusiasmo de cada uno lo hará realidad, así que amigos, disfrutad, reíd, vestid de fiesta, bebed y recordar! porque quedan cuatro días por delante para que todo el pueblo viva unas fiestas de cuento.


(Pregón fiestas Tardobispo 2011)

viernes, 2 de septiembre de 2011

Septiembre

Dosmilonce está siendo un año inolvidable en mi vida, desde que empezó hasta este momento, al menos. Alguien grande nos dejó, pero otras pequeñas cosas sucedieron y así parece ser la vida. Deseo seguir escribiendo aquí, lo haré de lo que todavía no he hecho, pero hasta septiembre no he sido capaz de sentar la cabeza, llamémoslo locura adolescente que aún tiene fuerza para mantener viva tanto la parte más irresponsable, como la cordura.
Sí, lo haré, seguiré escribiendo, porque después de muchas entradas de este blog que ahora leo después de un tiempo, me doy cuenta de que lo necesito, aunque nadie llegue a leerlo. (Mi profesor de Periodismo Cultural decía que todo el mundo escribía para que alguien lo leyese, puedo estar de acuerdo, pero después de un tiempo con este blog, le aseguro que las palabras escritas me sirven mucho más que si lo hubiese dejado todo en la memoria, aunque sólo sea yo el destinatario de mi propio mensaje) 
Continuar me ayuda sobre todo, a recordar cómo era y cómo pensaba, cómo hay cosas que no cambian nunca y cosas que podría deshechar, pero todas en recuerdos. 
Y septiembre es para mí como un enero, un comienzo (de curso). Un tiempo de reflexión que quiero aprovechar para sacar todo lo que ha sido este tiempo de paréntesis en mi blog.

Querido septiembre: a veces, cuando parece que se acaba lo bueno, puede que venga lo mejor.

viernes, 26 de agosto de 2011

Lo importante es otra cosa

Nos pasamos la vida haciendo planes, pensando en la forma de divertirnos, de ser felices. Durante horas y horas configuramos nuestros siguientes pasos sin darnos cuenta de que las manecillas mudas del reloj son nuestro verdadero tesoro. Un tesoro que tú nos has enseñado a valorar, dándole cuerda cada día, evitando que se parase su péndulo.
Pero hay veces que los planes escapan a ese artilugio de madera con números romanos que siempre esperará en el salón a que te subas en una silla a girar la manivela.
Tantas vueltas da la vida que no podemos predecir lo que nos pasara mañana, o si no… ¿no eras tú el que decías que tomar café, tostar pan y dormir en el suelo eran los placeres que disfrutábais los que allí estábais para combatir?
Sin embargo, el verdadero campo de batalla fue tu familia. Fuiste soldado en tierras del vino, un luchador del campo, el protector de la casa.
Esa casa que vio nacer a tus hijos, y que durante tantos años fue el escenario de fiestas y reuniones familiares. Si no apetecía cocido, no había alternativa posible para alimentarse. Pero eso sí, siempre había un plato para aquel que venía a visitarte.
Tú fuiste un segundo padre para cada uno de nosotros, nos acompañabas después del colegio, nos ayudabas incluso con las divisiones, sumas y restas, y por cada acierto recibíamos de premio una propina, caramelo de menta o un trocito de chocolate para merendar.
Ahora te debemos muchos de los consejos que nos has dado en la adolescencia, muchas veces sin necesidad de muchas palabras, como tú decías: “deja la charla consuelo, que una moza casadera no debe estar en la era si no está el sol en el cielo”.
Fuiste el sol para todos.
Ahora tu asiento sigue ahí y estaremos esperando a que vuelvas a reírte, que nos cuentes tus historias, aunque somos conscientes de que todo quedara en un recuerdo dulce y que ese asiento nadie más podrá llenarlo.
Hasta siempre y, como tú nos decías: salud y suerte.



viernes, 29 de julio de 2011

martes, 5 de julio de 2011

A mis compañeros mayores

Cuando somos jóvenes y comenzamos a dar los primeros pasos en una carrera universitaria parece que el tiempo no es suficiente para cumplir todos los deseos que tenemos en mente o las metas que deseamos proponernos. Tendemos a hacer todo pensando que tendrá una fecha de caducidad e intentamos comernos el mundo más rápido de lo que son capaces de aguantar nuestros pies. Sin embargo, para mí ha habido un momento dentro de esta etapa universitaria que me ha hecho pensar si realmente debemos preocuparnos tanto de las manecillas de un reloj inerte y mecánico o es momento de observar lo que tenemos alrededor y disfrutar de ello sin importar en qué momento va a desaparecer.

Cuando entré por primera vez en la clase intergeneracional sabía que no iba a ser una asignatura más a la que acudir para tomar notas de una teoría que nos sirviese para nuestro futuro, en mi caso, como comunicadora. Cada una de las personas que se sentaban en aquellos pupitres me enseñó que la vida no solo se aprende con un bolígrafo y un papel en la mano, sino que debemos vivir cada instante como si formase parte de una materia obligatoria y a la vez invisible de un plan de estudios que forma parte de cada uno de nosotros. El de nuestra propia madurez.

Los mayores son, sin lugar a dudas, la llave de una puerta a la experiencia, lo vivido y lo esperado. El pasado y el futuro. Son las voces que me han animado a terminar la carrera con un brote de esperanza pese a estar sumergidos en esta crisis que bien incita dejar todo atrás y replantearse una nueva vida.

Pero son los mayores quienes, cuando compartimos juntos trabajos, reflexiones y memorias en clase, nos hicieron ver que cada una de sus situaciones era un ejemplo de superación en la vida y que no podemos desperdiciar ni un trocito de la suerte que tenemos ahora los jóvenes de acceder a diferentes puntos, junto con los medios que se presentan a nuestro alcance.

Muchos dicen que se aprende de la experiencia, yo pienso que es mucho más sencillo ya que la mejor forma de conocer es escuchando. Estar atento a las historias de los demás enriquece las propias e incluso deja un sabor dulce de los recuerdos. Como el de aquel compañero que durante el primer año de asignatura relató su noviazgo con una mujer hermosa que tenía el nombre más feo del mundo. Y es que la belleza siempre ha sido más valiosa cuando uno la descubre por sí mismo.
La pérdida de un hijo, el amor del matrimonio después de tantos años o el recuerdo de unos padres trabajadores son solo algunas de las historias que de poco sirven para someter a examen al alumno dentro de un test de evaluación, pero son esenciales para examinarnos de humanidad, de atención y de empatía.

Después de dos años en los que he tenido la suerte de presenciar con más de treinta mayores la experiencia de compartir pupitre, muchos serían los recuerdos que metería en una maleta y llevaría conmigo a cualquier lugar en el que ahora me toque continuar la carrera, sin embargo, prefiero que todo eso quede en mi memoria, que un día pueda escribir un artículo siguiendo los consejos de alguno de ellos, que en un reportaje aparezcan sus caras o que las mejores noticias del mundo sean la consecuencia de sus actos dondequiera que estén. Porque si nosotros, los jóvenes, intentamos construir un futuro mejor o peor para parecernos a ellos el día de mañana, nuestros profesores de la vida, tengan la edad que tengan, aún tienen mucho que aportarnos.

(Libro intergeneracional. UPSA)

martes, 26 de abril de 2011

Aquellos festivales de Mallorca...


 "He sido el primero que he desayunado, ¡cómete un cagado!" gritaba Rubén en la entrada del buffet del Taurus al lado de aquellas gelatinas de fresa, kiwi y helados para desayunar mientras nosotros, con ojeras y la ropa blanca a medio poner nos disponíamos a tomar un poquito de leche con cola-cao para activarnos.
Éramos tan pequeños y nos creíamos tan grandes...
El festival de Mallorca era uno de los viajes más esperados por Doña Urraca, no era como las europeades, sino que íbamos en serio, un concurso, ni más ni menos. Nuestro grupo fue dos años, pero el primero sin duda lo recuerdo con mucho cariño. Aquel hotel en el que más de uno casi se parte la cara pasando de terraza en terraza, el jacuzzi y la piscina climatizada, el patio de kilómetros o las vistas al mar. 
Monkilito.
La boda de César y Estela, con Alberto de párroco.
Era todo un reto para nosotros poner esa fuerza y esas ganas en la actuación que finalmente nos costó el primer premio, además, teníamos que actuar en varios puntos de Palma, eso sí, sin agobios, porque la playa y los paseos por los chiringuitos también están presentes en mi memoria.
Hoy he vuelto a abrir el álbum de fotos y me he asustado de ciertas cosas, la primera, la ropa y los modelitos de hace ocho años. Todos muy guapos y veraniegos. La segunda, las caritas de niños que tenemos todos y el tiempo que ha pasado desde aquella foto en el pasillo.
Mallorca, al igual que otros viajes urracos, era el lugar de las vacaciones tras la Semana Santa, la oportunidad para ir sin papás de viaje o las ganas de seguir bailando.
Las ensaimadas recorriendo la cinta transportadora de maletas de Barajas.
Los georgianos que buscaban esposa para casarse. 
Las "buenas noches Lara".
Tengo muchos recuerdos vivos, como por ejemplo la entrega del trofeo al grupo y nuestras caras llorosas sin saber qué hacer. Pero otros algo más difuminados, como algunos lugares o zonas de la ciudad que ahora mismo me costaría reconocer.
Lo cierto es que todo mereció la pena.
El segundo año no fue tan glamouroso, pero recuerdo a unas compañeras de habitación ejemplares, aunque al principio, a Patricia y a mí nos tocara separarnos "por sorteo".

Ahora los urracos pequeños están en Mallorca y todos esos recuerdos vuelven otra vez a aflorar, espero que pasen tantas experiencias buenas como nosotros y, sin duda, tengan su merecido reconocimiento que estoy segura, lucharán por él.


lunes, 25 de abril de 2011

Así como vino se fue


La querida Semana Santa. Y digo querida porque en esta ciudad da igual el color político, tendencia religiosa o trabajo que se tenga, que esta semana es siempre el tema central sobre el que giran el resto de actividades.  
 Ya lo describí por aquí hace un año y es cierto. Los recuerdos vuelven y se incrementan en cada cita, pero me alegro de que aún sigamos manteniendo esos rituales anuales que nos hacen sentir realmente vivos. ¿Se come demasiado? sí, ¿se bebe demasiado? muchos también. Pero la chispa de todo eso es que cada año tiene su tinte peculiar, su vivencia inédita. Da igual que las calles sean las mismas, los horarios parecidos y la lluvia intente estropear el buen humor, que siempre habrá algún plan que evite que entres en casa ni siquiera para cambiarte de ropa o descansar.
Ahora sí, este domingo sí.
Yo tengo claro que, aparte de las cosas que ya de por sí emocionan en la Semana Santa de esta ciudad, la clave sólo es una: el conjunto de personas con las que compartes esos momentos.

domingo, 10 de abril de 2011

New York, experiencia en la capital del mundo (EL FINAL)


Sábado. Madrid.

Llegamos in problemas a Barajas. Logramos asearnos y cambiarnos de ropa para dar un paseo por la ciudad, cerramos los billetes de vuelta del bus y cogimos el metro hasta Callao. Allí nos esperaban amigos que nos llevaron a comer a la Latina y, la verdad, fue un rato muy agradable, les agradecimos mucho el detalle de haber pasado ese tiempo con nosotros. Además, los pinchos y tapas son impresionantes por allí.

Sobre las seis de la tarde regresamos a casa. Llegamos a las nueve y a las diez habíamos vuelto a quedar para salir de fiesta. Yo con mis compañeros del currele porque uno de ellos tenía un concierto esa misma noche con su grupo y todos nos apuntamos a verle.

Al terminar, quedamos con mis amigos para celebrar mi cumpleaños con unos chupitos y la noche no pudo acabar mejor. Eso sí, hasta dos días después no he podido recuperarme (sueño y cansancio) del trajín del viaje.


Reflexiones:

. Este viaje hay que hacerlo. Pienso volver. Eso sí, hay que ahorrar lo suyo para poder aprovechar todo allí, pero lo mejor es no quedarse con las ganas si se quiere algo.
. El dinero gastado allí en una semana en "necesidades básicas" como dietas y transporte público; y entradas a sitios, no superó los 300 dólares (207 euros). Aquí no están incluidas las compras de ropa y regalos. En el viaje teníamos incluido alojamiento sin dietas (mejor, es una lata tener fijado un sitio para comer) avión y transporte de aeropuero a hotel y viceversa.
. Los tours turísticos no los hemos necesitado.
. Para moverse, es bueno tener una base de inglés de saber preguntar por sitios, pero no hace falta mucho más.
. Ojo con las direcciones del metro.
. Merece la pena tener las piernas cansadas y tortícolis.
. El glamour, como en todo, depende de la gente, pero no es oro todo lo que reluce por las calles, hay gente normal y gente glamourosa por igual.
. La mezcla multicultural es llamativa, sobre todo la tolerancia y la ausencia de racismo. Todo un ejemplo.
. Sí, sale humo de las alcantarillas.
. Sí, hay brokers cerca de la bolsa.
. Todo el mundo tiene blackberry o iphones. No había más modelos de móviles por la calle.
. No todo es comida rápida.
. La gente camina deprisa.
. No tentamos a la suerte, no fuimos al Bronx. Los taxis tampoco te llevan. Un tour turístico sí.
. Las zonas de comidas también huelen a especias.
. En el centro de Central Park baja la temperatra suavemente.
. Un día en el museo se puede convertir en un centro lúdico infantil cuando decenas de colegios se ponen de acuerdo para visitarlo.
. Los enchufes, de dos agujeros.
. Las parejas, en gran medida homosexuales.
. La gente camina por el lado de sol que apenas entra en las calles.
...

sábado, 9 de abril de 2011

New York, experiencia en la capital del mundo (DÍA CINCO)

Viernes. Qué poco queda.

Guardamos el equipaje en la consigna del hotel porque a las 10 de la noche dejábamos la ciudad. 
Nos fuimos de compras, primero a la línea de Broadway donde están más baratos los Levi´s sin que sean imitación y también camisetas (compramos en OMG y Boys and chicks o algo así, porque en estos lugares hay cosas muy horteras, pero si buscas bien encuentras ropa bonita y no muy cara, eso sí, la búsqueda puede comer tiempo). Después nos adentramos por Chinatown de nuevo para buscar regalos de recuerdo a familiares y amigos. En estas tiendas nos habían dicho que no regateásemos porque los comerciantes no eran tontos y no iban a bajar sus precios, pero no es así. De hecho, si no regateas te pueden salir las cosas muy caras. Nosotros conseguimos dos sudaderas de I (L) NY por 28 dólares (20 euros)

Volvimos a Times Square a comer y a despedirnos de aquel lugar. Regresamos al hotel, hicimos algunas fotos por allí cerca y recogimos nuestras cosas porque el chófer nos venía a recoger a la entrada.

De camino al aeropuerto tuvimos que aguantar más de hora y media de reggaeton en la radio latina que llevaba puesta nuestro amigo (había atasco). Pero gracias a las retenciones, el hombre se desvió de la autovía y nos llevó por carretera donde pudimos ver los barrios residenciales y las villas con sus "se alquila o vende" en los jardines, o los buzones en las aceras.

Al llegar al JFK, en la terminal A1, facturamos y pasamos los controles sin problema (simplemente miran el pasaporte, tu foto de pasaporte y tu cara real para ver si coinciden y poco más).

Tuvimos media hora de retraso porque la policía tenía retenido a un pasajero de nuestro vuelo, pero al final debió ser una confusión y a las once de la noche ya estábamos en el aire. Desde ese momento no recuerdo más, ni siquiera me enteré de la cena y desayuno que, se supone, me sirvieron. El avión era mejor que el de ida, con monitores individuales en los asientos y cuatro asientos en la fila central. María me dijo que habíamos pasado bastantes turbulencias, pero sin importancia.

Seis horas de vuelo. Llegamos a Madrid a las 11 de la mañana.