¿Qué está pasando? si durante la noche del 7 de julio has tenido tiempo para pasear por las calles a partir de las 22:30 horas, seguro que te has dado cuenta de varias cosas: nadie te miraba de arriba a abajo, nadie tenía cara de amargura, nadie se exhasperaba en los atascos de las carreteras. Había complicidad, incluso con los extraños.
Es como si nos hubiesen dado a todos una pastilla de la risa, de la locura. Pero no, realmente la medicina está a miles de kilómetros y te cura (quién lo diría) si miras el televisor. Para que luego digan.
Conozco amigos republicanos que se han comprado banderas rojiguadas y anticentralistas en cuyas casas ondea la tela española. Lo cierto es que, con este equipo de fútbol como el de nuestra selección a la gente se le olvidan sus convicciones porque si España tiene algo en común, seamos del norte o del sur, es la fiesta y el terreno de juego, puntos que ocupan la capa base de nuestras necesidades primarias en las que ya se encontraban la siesta y la comida.
A este país le hace falta una victoria, no sé si sirve la futbolística, lo que está claro es que más ricos no nos vamos a hacer, ni más guapos. Pero si un triunfo sirve para que llevemos de forma más amable nuestros problemas, la lucha merecerá la pena.
La guinda del pastel sólo se cumpliría si los 500.000 euros que cobrarán nuestros jugadores por cabeza si ganan, se destinasen a quienes no pueden disfrutar precisamente estos días del Mundial, y, por supuesto, a nuestro IVA.
Por pedir, que no quede.

Conozco amigos republicanos que se han comprado banderas rojiguadas y anticentralistas en cuyas casas ondea la tela española. Lo cierto es que, con este equipo de fútbol como el de nuestra selección a la gente se le olvidan sus convicciones porque si España tiene algo en común, seamos del norte o del sur, es la fiesta y el terreno de juego, puntos que ocupan la capa base de nuestras necesidades primarias en las que ya se encontraban la siesta y la comida.
A este país le hace falta una victoria, no sé si sirve la futbolística, lo que está claro es que más ricos no nos vamos a hacer, ni más guapos. Pero si un triunfo sirve para que llevemos de forma más amable nuestros problemas, la lucha merecerá la pena.
La guinda del pastel sólo se cumpliría si los 500.000 euros que cobrarán nuestros jugadores por cabeza si ganan, se destinasen a quienes no pueden disfrutar precisamente estos días del Mundial, y, por supuesto, a nuestro IVA.
Por pedir, que no quede.

