miércoles, 8 de febrero de 2012

Belleza en mitad del caos

Llovía cuando aterrizó el avión en tierra italiana. El resto del día el tiempo nos dejó, al menos, disfrutar de los primeros lugares que nos sorprendieron con la boca abierta. 
En primicia, la Fontana, con su ventana superior derecha pintada... y sus personajes, tal y como había leído en los libros. Las ganas de llorar de emoción se esfumaron con los nervios por inmortalizar el momento junto a otro grupo pequeño de visitantes mientras una chica recordaba entre sollozos la posible ruptura con su pareja a la vez que veía el agua caer por Trevi. 
 La Plaza de España nos esperó vacía, una postal que tal y como me habían dicho antiguos amigos turistas sólo pasa cuando un director de cine graba allí su película o en casos como ese: baja temporada de visitantes y posibilidad de mojarse. Resultaba extraño ver tan desolada la calle en la que se encuentran las tiendas de moda más caras de la ciudad, como si en cualquier momento todo el mundo fuera a salir por algún sitio con sus grandes gafas de sol o los bolsos colgando por la mitad del brazo, pero eso no sucedió hasta un par de días después. 
Un paisano de setenta años con una pequeña coleta blanca y sombrero se paró a hablar con nosotros y nos advirtió que al día siguiente llegarían las nieves. Por nuestra parte, atentos a sus palabras pero sin reparar en las consecuencias, nos despedimos amablemente para continuar nuestro camino a Quattro Fontane y Barberini donde, si no tenemos cuidado, casi nos timan al pedir la cuenta por aquello de que "teníamos pinta de turistas". 
Eso sí, fue en otro restaurante diferente donde pudimos saborear nuestra primera pizza. 

 Debimos hacer más caso al italiano de la coleta blanca. Al día siguiente comenzó el temporal aunque nos dio una tregua para tomar nuestro desayuno con caffé latte y llegar en autobús a los Museos Vaticanos en los que, además, no tuvimos que esperar colas. La majestuosidad de aquellas dependencias es indescriptible, el arte, incalculable y aún más la belleza. 
 Antes de entrar en la Basílica de San Pedro comenzó, al fin, a nevar. Cuando salimos, la plaza ya estaba blanca y un hombre en pantalones cortos y con un Heineken en la mano preguntaba por el paradero del Papa. Comimos cerca del Castillo de San Ángelo y una vez fuera comenzó la aventura: las calles empezaron a colapsarse, el ayuntamiento no echaba sal en las carreteras y nuestros pies empezaron a nadar dentro de las botas. 
Las líneas de autobuses no llegaron, un motero derrapó y cayó delante de nosotros y más de cincuenta personas se concentraron en una sola parada, sin embargo, en nuestro camino al hotel de más de media hora a pie apenas podíamos caminar y no por el hielo de las aceras, sino por los ataques de risa que nos entraron al ver el caos y la práctica paralización de la vida. Pero llegamos vivos después de parar en varias zapaterías, lencerías y haberme caído de culo cruzando la calle delante de una hilera de coches. 
Aún conservo el recuerdo de aquel momento en mi piel. 
Tras esas dos horas de terror en las que nos dio tiempo a cambiarnos de ropa, por fin, pasó lo peor. Llegaba la noche mientras pasaba el deshielo pudimos llegar al Phanteón y a Navona pasando por una Gelatería. La cena fue nuestra recompensa en una pequeña calle llena de comerciales invitándote a probar su gastronomía. 

 La nieve que apareció en las calles al día siguiente fue debido a la nevada nocturna porque a partir de ese momento comenzó a salir el sol. Los romanos salieron con sus hijos a jugar por las calles, otros sacaron su equipo de esquí y los extranjeros nos dirijimos a patear las calles de la ciudad con la decoración de Santa María la Mayor, Della Vittoria, Pablo in Vincolo y el Coliseo. La televisión sacaba imágenes de la gente haciendo sus propios muñecos de nieve, tirándose con bolas o mirando a los foros. Trajano y Vitorio Emmanuelle también dominaban parte del espacio artístico. El barrio bohemio del Trastevere nos esperaba para comer y tras haber pateado gran parte de la ciudad nos dirigimos, esta vez sí, a la Plaza de España para comprar recuerdos y tomarnos un chocolate caliente. 

 Estampas que nunca podrán borrarse y momentos nevados que, si conocemos el transcurso de la historia en esa ciudad, puede que vuelvan a repetirse, probablemente, dentro de 25 años.

miércoles, 18 de enero de 2012

Propósitos

"¿De qué sirven los propósitos? si al fin y al cabo, aquellos que intentamos cumplir a principios de año se esfuman en la primera semana... además, por mucho que nos intentemos convencer de que algo nuevo va a suceder, al final ocurre siempre lo mismo."
No estoy de acuerdo.
Los propósitos al fin y al cabo no sólo son esas palabras banales que siempre coinciden con las del resto y entre las que se encuentra el término "reducción" como "reducción de nicotina en el cuerpo", "reducción de kilos", "reducción de gastos" o "reducción de mala leche", sino aquellos que nos ayudan a que, durante un año más, tengamos motivos por los que seguir viviendo y el principio de esos doce meses es solo un punto de información que nos lo recuerda.


Que un estudiante siga estudiando para alcanzar su meta o que un trabajador siga trabajando para mantener su vida son dos de los propósitos que más abundan y que además se cumplen en casi todos los casos, a no ser que ocurran varias situaciones: que el estudiante deje de estudiar por vagancia o por otros motivos externos o que el trabajador deje de trabajar por vagancia o por motivos económicos de la empresa.


En cualquier caso, no creo que haya gente que pida como propósito continuar en su puesto de trabajo sin dar palo al agua porque, si su propósito se acaba cumpliendo, no encontraría ninguna diferencia entre esa situación y la de robar.
Y aún no conozco a nadie que, en público, haya reconocido ese propósito. 

martes, 1 de noviembre de 2011

Cinco años en una cajita de recuerdos


Fran Perea bajó aquellas escaleras con su barandilla roja en el centro. No recuerdo muy bien de qué temas habló que estuviesen relacionados con el periodismo, pero la promoción de El Camino de los Ingleses la tengo presente. Nuevas caras, nuevos compañeros con miradas de  indecisión que comenzaban primero de carrera sentados unos junto a otros. A mi derecha, Ángel, a mi izquierda María, lo recuerdo como si fuese ayer.
Parece que el curso comenzaba bien, la gala de las fiestas en aquel año fue increíble y parecía animarnos a lo que nos tocaría años después, sin embargo, mucha fuerza tuvimos que sacar de dentro cuando a las ocho de la mañana nos esperaba (o nosotros a él) el señor Macías, impecable, para comenzar las clases.
Las clases de publicidad de Óscar las recuerdo especialmente, sobre todo las prácticas: aquel briefing currado de mis compañeras y en el que tuve que aportar la voz a lo "Rosana", o que ganásemos enemigos por ello, con razón en muchos casos, pero todo se resuelve cuando conoces realmente a aquellos con quien creías que no ibas a relacionarte nunca y resulta que son increíbles... y los años de carrera me lo demostraron.
Un primero en el que Plaza me introdujo a la redacción y JuanRa me demostró que la belleza sí está también en el exterior.
Historias, conferencias de prostitutas, Eva llorando en Comunicación Interpersonal cuando relataba su discurso ante la ojiplática mirada de Salgado, las fiestas que se van de las manos... Salamanca querida.
Las horas en el autobús parecían interminables, Toño, Domigo y los gamberros de la parte de atrás... reconozco que eso no lo echo tanto de menos porque esos mismos personajes todavía me los sigo encontrando esporádicamente, eso sí, como unos grandes.
Comenzamos a dar los primeros pasos en un periódico para estudiantes, Tribuna Universitaria, por parejas recuerdo. Mi primer reportaje fue sobre Letra Contemporánea, doble página y que realicé en dos semanas o más, un reto ahora impensable. Además, el trabajo salía gracias a los retoques que corregían María Jesús y Ana, responsables de la edición.

Lo cierto es que Segundo pasó sin pena ni gloria, muchas de las asignaturas no me gustaban, para qué vamos a engañarnos, pero siempre tengo la esperanza de encontrarme con alguien de la tierra gemela que me de twater para beber. Con cariño recuerdo el viaje a Madrid las niñas con Toño para entrevistar a Ángel Martín y de paso acudir a "Sé lo que Hicisteis".
Las clases de Valvey me hicieron reflexionar sobre las portadas informativas y las fotos de mujeres embarazadas.

Tercero, muchos de Erasmus, otros preparándonos los quesitos del trivial o recogiendo frases de María Rubio para aplicarlas en la vida. Comenzamos a conocer los estudios de radio y los platós de televisión, Michi nos puso en su examen un fragmento de Los Soprano, sí, un flashback, pero la parte de Nuria me salió mucho mejor. Mi primera aparición en cámara fue haciéndole una entrevista a Morchón sobre su vida, y Alba me la hizo mí. Me encantaba ese grupo.
Laura y yo pasamos muchas horas de ensayo con Lucía Rodil y más voluntarios para aquella coreografía eurovisiva. María cada vez estaba más guapa y preparada para la ocasión y nunca podré agradecerle ni a ella ni a Alfredo que hayan querido contar conmigo. Los días en Barcelona fueron inolvidables para bien, sí, para bien, fueron más de cinco y el último, a pesar de los pesares, fue el mejor gracias a todos los que estuvieron allí y a Llana, Carlos, Merichel y un largo etcétera (aunque Carlos robara dispensadores). En las aulas todo iba normal hasta que alguien sugirió que sería el espectáculo de nuestras vidas... y no volvió a aparecer por clase.

En Cuarto nos especializamos por carreras (algo que no volverá a suceder gracias al Plan Bolonia) conocí a la gente de la tarde que en tres años no había visto. Chelo, Gloria y Aurora me hicieron amar la radio, cada Navidad pongo el programa especial que hicimos Manuel, Lidia, Cristina, Lauras, Alba, Patricia, Elena, Carmelo, Tere, Germán y yo... inolvidable.
Y el segundo cuatrimestre llegó el caos, ¿cómo compaginar los estudios con un Lip Dub? prueba superada. Patricia, JuaFran, María, Nacho, Tere y Eva lo hicieron posible... como también hicieron que fuera normal pasar parte de la noche en la facultad cronometrando, subirse en un montacargas, contar a la gente, marear a las redes sociales para que todo el mundo conociese el vídeo, hacer bases de datos y coordinar a más de trescientos voluntarios, trescientas mil gracias y perdones por quienes apenas salieron, pero querer que todo el mundo participe en tres minutos... a cien por cada uno.
Raúl y Pablo fueron a conocer Zamora y pasar una bonita velada con nosotras, aún recuerdo la noche en el castillo comiendo mini bollitos de hojaldre.

En esa facultad también se respiró amor, desamor, enfados de bibliotecarias cuando el tono de voz sobresalía, días enteros fotocopiando periódicos o llamadas desesperantes a Eduardo cuando nos habíamos quedado sin batería en la cámara.
Cómo no recordar las clases de libre elección (yo escogí todas las que carecían de examen) y escogí bien, porque la de los mayores ha sido una de las mejores de toda la carrera sin duda. María Eugenia y Pablo Rey, con aquel análisis de Quino por el que Pepita daba el alma.
Los conserjes preguntándome de qué color era mi pasmina después de haberla perdido por las aulas.
Serafín y Ángel, unos grandes, aunque el catering Disan nos hizo coger unos kilitos de más. Aún así no cambiaré tardes perdidas en cafetería, con cadena 100 de fondo o los informativos de la televisión en mute.

El último curso fue nuestra novatada (¡qué ironías!). Que si me siento en las escaleras para coger apuntes, que si te pongo una instancia para dar las clases que nos corresponden, que si somos un mísero dos por ciento... cosas que poco a poco fueron solucionándose, y un Javier Nó que pudo escucharnos. 
Nueva York y Nacho.
Sin duda, lo que me puso más nerviosa de todo en este paso por la universidad fueron las palpitaciones previas a la nota que salía de la intranet, cuando introducía mi usuario y contraseña y se me aceleraba el corazón antes de ver el tablón de calificaciones, un sinvivir.
El equipo del informativo de televisión con quien muchos ya había coincidido excepto Marta, Ylenia, Elena, María y Lauras.
El discurso magistral de Rivas.

Las mesas incómodas de las aulas, los "sofás" del auditorio, los Macs, los sudokus de El Mundo, la "capilla" de abajo, las colas en fotocopiadora, las salas grupales y mortales de la biblioteca, Mercedes Ramos calmándonos en el oral de derecho, Sole reprochándome que comiese tantos bocadillos o los ositos de gominola que comían Sara y Vero, los disfraces de Raquel y Pablo, las preguntas e inteligencia de Patricia, Cagi y el discurso, Jose Pablo, Adrián, el senior Rufete, el compañerismo de Indarte, Carlos, Fernan, Álvaro, Ana Blan, Carmen y su vocecilla de gran persona, Puri, la paciencia de Luis con los mayores, Rocío, Sandra, el compañero de Lne Antuña, Alba Bermúdez, la personalidad de Ana, Lara y Elena, Olalla, los ratos de radio con Tania. 
Sande, Héctor, Chema, Andrés y la sauna, Manuel Caramelo, las llamadas de María Juanes, ambos Sergios, Ana Díaz y Carol, la inquietud de Carmen Romero y el cariño de María Díez, Paloma, Chela y María pasando frío con nosotras en la plaza mayor mientras repartíamos vasos, y con Cruces el destino me vuelve a unir... 
Lo cierto es que echo de menos mucho de esa facultad. El bastante y demasiado los dejaré para cuando pase un tiempo aún, pero que ya me está ocurriendo con muchas personas que conocí allí, solo espero que esta nueva etapa sean aún más felices y que podamos encontrarnos en la mitad de este camino que no es fácil, pero ya estábamos advertidos.
Para estos periodistas y resto de profesionales de aquella promoción:
Suerte.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Estío sin hastío (II)


Un pequeño pueblecito castellano nos esperaba con litros de agua, azúcar y vino sin taninos finos. Los primeros días se pasaron volando mientras preparamos los disfraces y complementos estrella, pero antes de que llegara ya éramos conscientes de que el año que dejemos de ir, bien por nuestras nuevas vidas, bien por lo que nos depare el futuro... lo echaremos de menos.  Y mucho.
El jurado falló a nuestro favor, un hecho del que se desprende una amistad y un par de cumbias y bachatas.

Y para hacer honor a agosto nos convertimos en turistas de la fiesta rural. Villafáfila (lugar lagunero), Fariza (forasteras susceptibles de ser apaleadas), Granja (arte y selva), Puebla de Sanabria y su lago (noches frías pero siempre inolvidables y días de picnic) San Marcial (miles de peñas) y Villaralbo (ese vecino).

Uno de los acontecimientos que anuncian la despedida del verano, al menos de esa cruel denominación de "temporada alta" es la Semana Grande de Bilbao, que nos esperaba con amenaza de lluvia. Pero al pasar Pancorbo el tiempo se apiadó de nosotros y la playa de Azkorri lucía verde y azul, envidiable. Pese a que los conciertos no fueron el plato fuerte, la bebida y la comida aliñada con música de diferentes estilos llegaban a formar un rico menú, como los del puerto deportivo de Las Arenas, lugar de paso y abono diario obligado.

El final de agosto fue triste, pero así es la vida, todo pasa y todo queda... y él quedará siempre en nuestros corazones aunque sea en forma de sonrisa.

Y aunque haya tiempo para todo, llegó el momento de estudiar para una asignatura remolona. Días de recolección adecuada de apuntes y estudio intensivo que, espero, haya dado su fruto. Parece una tontería, pero cuantas más tareas ocupan tu mente, más fuerzas salen para hacer cosas, así que voy a intentar mantenerlas, tanto para lo que queda de curso como para trabajar... y estos meses pasados me han dado un chute de optimismo.

El resto de septiembre continúa nervioso con un safari taurino entre medias, Salamanca que nos quiso decir adiós vestido de casetas y pinchos, matrículas nuevas, mejora de idiomas, un tour por la vendimia como "mi primera vez" y las despedidas de algunos amigos que abren las puertas a una nueva etapa. 
Espero que todo vaya bien...


viernes, 23 de septiembre de 2011

Estío sin hastío (I)


Muchas veces pienso en volver a aquel 24 de junio y revivir cada uno de los días pasados, pero no merecería la pena desperdiciar futuros viviendo de lo que ya ocurrió así que, como es usual, lo haré en forma de recuerdos que si pueden seguir escritos, volveré aquí para leerlos una y mil veces.
--La economía en ocasiones se basa en unas cañas de menos que generan unos euros de más para el ahorro. Eso sin olvidar todo el trabajo veraniego del que no me he librado y con el que realmente puedo decir que estoy agradecida teniendo en cuenta la situación actual.--

Las fiestas de la ciudad a finales de Junio no lograron ser superadas por aquellas del 2009, pero es gratificante terminar los exámenes con celebraciones en la calle. Y esos amigos que comienzan sus vacaciones contigo entre embalses, piscinas y timbas.

Una llamada que invita a viajar a Portugal a principios de Julio para revivir momentos únicos, como aquellas noches de suspense entre luces y sombras de juegos preadolescentes, intentos de pronunciar palabras lusas, dormitorios comunes y demasiados bailes. Guías que se convierten en amigos.

La excusa de conocer lugares es perfecta si una boda es el objetivo. Esa Granada tan orgullosa, amable y deslumbrante como sus habitantes, como sus laderas y sus amaneceres a treinta grados, la ciudad en la que dormir (y lo dice una amante del sueño) es una pérdida de tiempo. Al Andalus.

El verano sin visitas estivales de rigor tampoco es lo mismo y mis London friends fueron la clave para un 2011 que se antojaba ansioso de una Europeade que hacía tiempo no llegaba. Desde Nothin Hill hasta el Eye, los días fueron realmente de película. Una película sin subtítulos al castellano, una forma de reforzar mis conversaciones anglosajonas que reducen su oportunidad en España, un paréntesis en el que la comida india tuvo el protagonismo y mis dotes interpretativas se dejaron claras en Trafalgar Square. Unos grandes todos los que me acompañaron.

Algunos amigos me están enseñando lo interesante que puede llegar a convertirse el mundo del vino y su cultura... y aunque fuese para dejar de continuar en mi total ignorancia, no quise dejar pasar la oportunidad de conocer una de las zonas idóneas para los entendidos. La Rioja. Elciego y sus entramados nos dieron la bienvenida entre copas con finos taninos y tintes rosados en los bordes. Aunque sigo sin notar muchas diferencias gustativas, pero eso es debido a mi tozudez.

La costa catalana. Barcelona entre frutas, la romana Tarragona, la atracción de su parque de atracciones y los días grandes de las fiestas patronales de Nulles, con cenas y sorpresas especiales. El bar de los mojitos a domicilio y los vecinos ligones de al lado. El balcón del mediterráneo nos abrazaba con helados giratorios. Tampoco perdieron protagonismo los gritos eufóricos y unos dientes resentidos por tanta excitación. Un sheriff para protegerme de los forasteros. Un camarero que regala entradas y una temperatura mediterránea del agua que se olvida de mi parte más friolera.

Y Zaragoza nos mandó pasear por su basílica, tan obligada y fresca. Aunque hay mediodías en los que las cañas heladas en un callejón sombrío hipnotizan más que un mausoleo. Mientras el Ebro moría de sed, los turistas mojaban sus cuerpos en las fuentes.


Julio decía adiós, pero agosto se frotaba las manos.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Solo puede ser ella


"Querida sobri: parece que fue ayer cuando eras un cocolito y ya terminas la carrera ¡el tiempo es veloz!

Lucía, esta profesión con la que has soñado desde niña te dará muchas satisfacciones personales, espero que te deje una válvula de escape frente a la injusticia y la mentira, que también te facilite el cocido claro está. No olvides que no nos preparamos para ser felices mañana sino que tenemos que serlo hoy ¡el tiempo es oro! tu profesión es bonita, sacrificada, laboriosa... pero para que crezcas debe ser honesta. Te dará oportunidades y decepciones como cualquier otra, intenta luchar por la legalidad, tus principios y convicciones pues para ceder siempre queda tiempo. Espero que nunca olvides que estoy aquí. Un abrazo muy fuerte".

Conce

jueves, 8 de septiembre de 2011

Fiestas de cuento


En aquella noche las estrellas parecían más lejanas. Era un lugar oscuro y en ese mismo momento, el sonido de sus pasos corriendo a toda velocidad era el único audio que se escuchaba mientras las sombras de su cuerpo se proyectaban en las paredes. No podía gritar, ni siquiera respirar fuerte porque cualquier movimiento en falso podría delatarle, además, ya estaba cerca de aquel callejón oscuro y era el escondite perfecto. Pero el enemigo ya conocía sus maniobras y en un descuido, una fría mano comienza a golpear su espalda...
¡¡Ajá te he pillado, ahora te la velaass!!

Era el turno de buscar un nuevo juego, pero el sonido de las campanas de madrugada advirtió a los más pequeños que era la hora de descansar y por eso corrieron deprisa hacia sus casas, con alguna que otra caída, eso sí. Y es que aquellas calles traicionaban a los más veloces porque dejaban en las piernas una marca de recuerdo que se confundía entre asfalto y arena. Una vez en sus casas, los jóvenes del condado tomaban las calles con latas y canciones anunciando la llegada de la celebración. En los hogares, otros se quedaron preparando los banquetes y sobre todo, la bebida condimentada a base de vino, cítricos, azúcar y agua para que no faltase en ninguna de las bodegas ni en las casas de las familias, en esos momentos, nerviosas por que todo quedase listo.

Y así fue. Al día siguiente, el sacerdote del lugar preparó la eucaristía mientras le ayudaban los monaguillos más atrevidos y el coro, que estaba situado en la parte más alta de la iglesia y que contaba con diferentes voces e instrumentos para la ocasión, entonó aquellas melodías que había preparado para los oficios.
Aquel templo era especial porque se consideraba el monumento más emblemático del pueblo, de orígenes románicos, pero que muchos conocen realmente porque un rayo acabó con su torre años atrás. Menos mal que, de todos los vecinos del poblado, concretamente unos afanosos albañiles autóctonos se habían encargado de dejarla como nueva, restaurarla y convertirla en referente de todos los alrededores.

A la hora de la Santa Misa, toda la aldea vestía de gala. La cuesta empinada que comunicaba el templo religioso con el centro urbano se convirtió en una pasarela de encuentros, recuerdos, risas y carreras para contar todo lo que había sucedido durante un año entero. Y es que, a pesar de ser un pueblecito situado cerca de la capital, muchos de los habitantes tuvieron que dejar su casa para trabajar en otros lugares, por eso, cada año el reencuentro era tan especial, como especiales y envidiables eran los pocos agricultores que con el trabajo de sus manos y a la vez, sus nuevas tecnologías, todavía hacían que las tierras de ese lugar dieran los mejores frutos de la zona del vino, además los ganaderos habían sorprendido anos atrás a los niños en esas fiestas, dejándoles correr detrás de unos gurriatos resbaladizos y cuya captura era la tarea principal solo para ganar un gran premio que consistía en una bolsa llena de gominolas y dulces.

Durante el desfile hacia la taberna, antes de comer, un grupo de trobadores entonaba músicas tradicionales de la comarca y el sheriff dió por inaugurados los días de El Salvador. Había quienes con un corto y una tapa podían durar hasta la hora del almuerzo, y quienes necesitaban tres o cuatro de las grandes para ponerse a bailar y cantar con aquellos trobadores. Lo que muchos no sabían es que en la taberna central lo mejor de todo eran las cenas. Su churrasco, sus brasas y sus pulpos atraían a más forasteros que a los propios vecinos. Pero aquella no era hora de hablar de cenas, sino de bermús. Se comentaba por ahí que un cantante llamado el “Rubio” afinaba muy bien con su single “cocidito madrileño” en sus años mozos. Para aquellos que no creéis esta leyenda os invito a conocerlo en Youtube, junto a otro grupo de expertos en ceremonias preparando limonada que me he encontrado por ahí. Lo bueno sería no invitarle al concurso de karaoke porque sino tendría garantizado el primer puesto.


Pero sigamos con nuestra historia porque en esas horas en las que el sol picaba con más fuerza, el único alivio era el frescor de las casas donde echarse una siesta significaba un sueño que duraba horas... también es cierto que muchos jóvenes preferían bajar al parque y alejados del pueblo, contarse secretos y poder hacer de las suyas que a la vista de los padres, no era muy adecuado. Y si el calor mandaba, allí se montaba la guerra y no precisamente con pistolas sino con globos llenos de agua que llenaban de colores el suelo. Muchas monitoras y expertos en el jardín de infancia hacían más divertida la velada de los más pequeños y es que cuando en un lugar el 50 por ciento de los ciudadanos son gente menuda, uno debe replantearse si volverse ¿por qué no? un poco niño también.

Las bicicletas en el pueblo por supuesto que eran para el verano. Un arsenal de conductores de estas dos ruedas conocía de sobra el alfoz, desde el camino de la cruz hasta el cruce de la circumbalación pasando por la laguna de las coronas, la fuente de la Encina o Fuentesalgadas.

De repente, una caravana de forasteros comenzó a llenar de furgonetas la plaza central del poblado. De allí comenzaron a salir un toro de plástico con motor que se movía como loco, un conjunto de colchonetas llenas de aire para saltar hasta perder el equilibrio y un cañón con un líquido extraño que se convertía en espuma que hacía las delicias de pequeños y no tan pequeños.

Aunque los que preferían darle duro al coco, de forma distinta a la de aquel toro de plástico, se batían en duelo en la cantina central. Allí fluían las cartas sobre la mesa, junto con alguna copita para mejorar la concentración. Y todos trataban de demostrar su diestra en las cartas, aunque los altos puestos estuvieran ya cogidos por los valientes que se concentraban para derrotar a los forajidos de los pueblos vecinos.

Precisamente en gran número llegaban también aquellos forasteros que sin pasar por el centro del pueblo se concentraban con los mozos a las afueras para retarse, en ese caso, con un balón entre los pies. Todo en un campo desértico y sufriendo la gota gorda de una tarde de verano.
Mientras tanto, quienes no se atrevían con el deporte, comenzaban a preparar sus disfraces para la diversión vespertina.

Los paseos hasta la escuela eran obligados para los amantes del arte. Las piezas realizadas por los asociados durante todo un año se exponían a todos los públicos para conocer los avances, tanto en pintura como en bordados. También había quien aprovechaba para visitar a los familiares y amigos. En alguna ocasión, los encuentros eran muy emotivos, sobre todo cuando a las personas que más se les quiere habían dicho adiós en los últimos meses y con eso se empezaba una nueva etapa en la familia que dejaba el paso a las nuevas generaciones. Pero esos recuerdos siempre eran alegres y con la esperanza de que desde cualquier lugar, fuera donde fuera, alguien observaría contento el transcurso de estos días festivos.


Y entre juegos, reuniones y comida, el cuerpo ya pedía un baile, además, la limonada estaba dispuesta y la orquesta preparada para el repertorio. En aquel año se comentaba que la Danza Kuduro era uno de los bailes más demandados, en cambio, hay quienes preferían Iron Maidem, Metallica o temas de un tal Nirvana.
Con las bodegas animadas, las canciones populares también adquirían protagonismo y los reyes de estas cuevas enseñaban a los novatos retos de cartas, juegos de palabras y trabalenguas para confundirlos en cada trago. El estado de quienes salían al exterior era de notable felicidad en la cara, dispuestos en ocasiones a subir al escenario y mostrar su talento, bien con los músicos, bien con las pobres cantantes que sufrían la calorina.

Así transcurrieron los días en aquel poblado y las celebraciones, algunas veces con queimadas de los amigos de Galicia y otras con las comilonas en los merenderos municipales, se pudieron amenizar unas jornadas inolvidables para muchas de aquellas personas que simplemente, decidían compartir su tiempo de una forma diferente.


Lo verdaderamente importante era que cada una de ellas tenía su papel. Uno de los vecinos más conocidos prestaba año tras año su patio, situado cerca de la plaza central, con las paredes decoradas y una larga mesa de tablón para preparar grandes meriendas con amigos.

Cerca de la iglesia, las vecinas de la zona aportaban su grano de arena limpiando las telas del templo y cuidando a la vez de sus nietos. Los jóvenes que vivían aquí organizaban con la comisión la buena marcha de este lugar, e incluso un par de fotógrafos profesionales y un realizador de vídeo hubieran sido capaces de reportajear todas estas ceremonias.

Con el conjunto de arquitectos, biólogos, médicos y abogados, dependientes, administrativos, amas de casa y algunos ninis... este lugar hubiera podido ser una pequeña gran ciudad, que al menos lo era durante un período de tiempo. Estaba claro que solo unos pocos, pero con muchas ganas, podrían ser capaces de formar una fiesta que en otra ocasión y con más afluencia podría ser imposible.

Sólo un último apunte... parecía ser que el aquel lugar todo lo relacionado con la gastronomía era el plato fuerte de los festejos, que si arroz a la zamorana, que si preparo unas tortillas, que si frío unos pimientos que piquen para bajarlos al merendero...

Lo importente es agradecer que haya personas que, año tras año tengan tantas ganas de celebrar las fiestas que animen al resto a apuntarse y participar. Sino, miren a una servidora que después de haberle quitado el puesto al pregonero del año pasado no pudo deshacerse de su trono fijo en el balcón del chupinazo. Ahora bien, aviso que estas palabras quedan en el aire para que el siguiente valiente las recoja, se atreva el año que viene y disfrute tanto como yo mostrándoles todas las sensaciones, puntos de vista y recuerdos que me trae este lugar.

Día tras día llegó el final y todo se acabó. No quedaban luces, ni música, ni encuentros, ni alcohol ni banderines, todo quedó en un bonito recuerdo que ya esperaban con ansia para el año siguiente... pero ahora nosotros, quienes estamos aquí tenemos una ventaja: y es que todo esto que acabo de contaros aún no ha sucedido, es producto de vuestra imaginación y sólo el entusiasmo de cada uno lo hará realidad, así que amigos, disfrutad, reíd, vestid de fiesta, bebed y recordar! porque quedan cuatro días por delante para que todo el pueblo viva unas fiestas de cuento.


(Pregón fiestas Tardobispo 2011)